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LA TURBULENCIA QUE SE AVECINA TRAS LA DESTITUCIÓN DE DILMA ROUSSEFF

Un país socialmente polarizado, ad portas de una crisis económica y en medio de un escándalo de corrupción en el que está envuelto el propio Michel Temer, sucesor de la destituida Dilma Rousseff, es el que debe gobernar el líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, Pmdb.

“En Brasil la polarización alrededor del impeachment (juicio político) es un poco parecida a la polarización en Colombia por el proceso de paz. Hay personas que celebran la salida de Dilma con euforia y hay quienes la lamentan, sobre todo las clases más populares y los universitarios”, dice Rodrigo García, un colombiano que estudia una maestría en Sao Paulo.

La situación es tal que la Policía de Sao Paulo dispersó el pasado jueves con bombas de gas lacrimógeno la cuarta marcha consecutiva contra la destitución de Rousseff, que parece no ser la última.

Sin embargo, además del rechazo social, el gobierno de Temer enfrenta los interrogantes que el ‘impeachment’ ha dejado en organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que expresó el viernes su preocupación ante las denuncias de “irregularidades, arbitrariedad y ausencia de garantías al debido proceso” en la destitución de Dilma.

Por otro lado, el Gobernante conservador ha recibido el apoyo público de los industriales y empresarios brasileros, como lo demostró la Federación de las Industrias del Estado de Sao Paulo, que publicó anuncios en los principales diarios de ese país con el lema: ‘Es hora de todos juntos reconstruir el país’.

Asimismo, Temer dejó entrever el apoyo que le da China a su gobierno, según lo declaró a la prensa en una rápida escala en Shanghai el viernes, antes del inicio de la cumbre del G20 en Hangzhou. “Brasil deja resueltamente atrás toda la inestabilidad económica y política que padeció en los últimos años”, dijo tras una reunión con el alcalde de Shanghai, Yang Xiong. Lea también: Senado de Brasil consumó “un golpe de Estado”: Rousseff.

En los dos años y cuatro meses que le quedan para completar el mandato de Rousseff, la lista de desafíos económicos, sociales y hasta judiciales proyectan un gobierno obligado a obtener resultados contrarreloj antes de las próximas presidenciales de 2018. Y todo bajo la negra sombra del escándalo de corrupción en Petrobras.

• Corrupción y estallidos sociales
La corrupción en Petrobras, una confabulación empresarial y política que desvió miles de millones de dólares de la petrolera estatal, puso en jaque a los principales partidos y a sus dirigentes y cuestionó los métodos de financiación de las campañas electorales.

Las acusaciones golpearon al Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), pero no dejaron indemnes al Pmdb ni al gobierno de Temer, que en su primer mes de interinidad (iniciada en mayo) perdió tres ministros por el ‘Petrolao’.

La revista Veja señaló en agosto que el empresario Marcelo Odebrecht, condenado a 20 años de prisión por ese caso, dijo a las autoridades que Temer le pidió unos tres millones de dólares para su partido. El artículo no citó evidencias de que haya sido un soborno, pero volvió a poner sobre la mesa el potencial explosivo de la investigación, principal bandera de los que sustentaron el impeachment en las calles.

Temer negó cualquier vinculación con donaciones oscuras y no está siendo investigado. Con el PT desplazado del centro del poder, Rousseff y el expresidente Lula da Silva apuestan a recuperar para su causa el apoyo de los movimientos sociales que durante más de 13 años se beneficiaron con su amplia agenda de derechos y subsidios a la pobreza. “El pueblo no es indiferente a lo que está sucediendo”, dijo la senadora comunista Vanessa Grazziotin, defensora del mandato de Rousseff.

• Economía
“Esperamos que el gobierno de Temer trabaje sobre todo para recuperar la Economía”, dijo a El País Antonio Imbassahy, líder del Psdb, principal partido de oposición a Dilma y que también tiene a varios miembros investigados por el escándalo de Petrobras.

Según analistas políticos, el mayor desafío y la gran apuesta de Temer es pasar de un modelo de sesgo intervencionista a uno con mayores libertades económicas, que incluye en su menú privatizaciones y un fuerte ajuste.

Temer cuenta con el aval de la industria y del mercado. Desde que asumió interinamente en mayo, tras la suspensión de Rousseff, la bolsa de Sao Paulo subió cerca de 29 % y el real se apreció en torno al 15,7 %.

Pero el país está en ruta a su primer bienio recesivo en más de 80 años. Esta semana los datos oficiales mostraron que el desempleo marcó un récord de 11,6 % en mayo-julio y el PIB se contrajo 0,6 % en el segundo trimestre.

“Mi compromiso es rescatar la fuerza de nuestra economía y volver poner a Brasil sobre sus rieles”, dijo el Presidente en un mensaje transmitido tras su asunción. Con un saldo fiscal en rojo estimado en US$ 53.000 millones este año, para el analista Harold Thau, de la consultora Técnica, “la prioridad es reorganizar las cuentas públicas”.

“Ya no existen las condiciones de seguir gastando más de lo que se recauda y tampoco hay condiciones para aumentar los impuestos”, agregó.

Temer designó a Henrique Meirelles como ministro de Hacienda y, como es exjefe del Banco Central en las presidencias de Lula, ya anunció que buscará frenar el gasto, flexibilizar el mercado laboral y reducir el costo de las jubilaciones, es decir, deshacer los proyectos económicos que tanto Lula como Rousseff habían impulsado desde la llegada del PT al gobierno de ese país.

Pero esas iniciativas, además de impopulares, requieren enmiendas constitucionales y mayorías especiales en el Congreso. La primera prueba será fijar un techo de gastos para 2017. Luego seguirán batallas más problemáticas: la reforma de la seguridad social y del mercado laboral.

• Política
Temer, de 75 años, es un hombre con una baja popularidad que se traduce en poco respaldo de las urnas. Fuerte en el mayor partido de Brasil, el Pmdb de centroderecha, construyó su gobierno con un equipo económico prestigioso y a un gabinete multipartidario ligado al ‘centrao’ (gran centro), mayoría en el Congreso y defensor de una agenda conservadora en lo político y liberal en lo económico.

“No puede obviarse que Dilma fue destituida en gran parte por su inhabilidad para relacionarse con el Congreso. Temer deberá conseguir mayorías fuertes y para eso tiene que hacer concesiones”, dijo Sylvio Costa, fundador de ‘Congresso em Foco’, medio digital especializado en la actividad parlamentaria y política de Brasil.

“Asumió tras un proceso que deja traumas y tendrá que entenderse con el Congreso y con los sectores económicos. Pero además debe comprender a una sociedad que en los últimos años ha demostrado gran insatisfacción con los políticos”, añadió.

El impeachment, que en un segundo fallo separado votó por mantenerle los derechos políticos a Rousseff y la habilitó para ejercer cargos públicos, mostró divergencias en esa base.

La situación que lidiará Temer está tan polarizada, que la presidenta destituida es una “guerrera”, “valiente” y “digna” mujer para sus seguidores, o una “incapaz” que destruyó la economía brasileña, líder de una banda de corruptos que quiere “convertir a Brasil en Cuba”, para sus opositores.

Y con Temer sucede igual: es un “golpista traidor”, que llegó al poder sin votos, o un respetado profesor de Derecho Constitucional que, armado de su experiencia, traerá orden al país después de meses de crisis política.

“Es una persona con gran capacidad de diálogo, que sabe conversar y sobre todo escuchar; es muy humilde en ese sentido. Y ésa es una gran diferencia con Rousseff”, aseguró a la AFP la senadora Simone Tebet, del mismo partido Pmbd de Temer, a quien conoce desde sus años de estudiante.

Del otro lado, “no se los puede comparar”, afirma la senadora Gleisi Hoffmann, militante del PT de Rousseff, de quien fue jefa de gabinete. “Temer no tiene legitimidad ni firmeza. Un hombre que traicionó a su compañera de fórmula, no tiene cómo gobernar el país”, declaró a la AFP. En esa marejada naufraga la potencia latinoamericana.

Cuarto Poder de Tamaulipas/

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